
TRABAJO INTELECTUAL Y APRENDIZAJE.
Introducción.
I
De acuerdo con Aristóteles la inteligencia puede desarrollarse y perfeccionase a base de hábitos.
Uno de esos hábitos o virtudes intelectuales es la episteme, que se ha traducido luego como ciencia. La ciencia, o hábito científico, es, pues, dentro de esta concepción, una cualidad intelectual, y no tanto un conjunto de conocimientos sistematizados.
De la misma manera el arte es otro hábito intelectual práctico, que facilita la producción de obras.
Así, pues, la ciencia y el arte, en el pensamiento del filósofo griego, son cualidades internas de un sujeto; y, gracias a ellas, se facilita la ciencia y el arte en sentido objetivo, tal como se entienden en la actualidad. Las obras científicas y las obras de arte son producto de esos hábitos mentales llamados episteme (ciencia) y tejene (arte), respectivamente.
Nos ha parecido importante traer a colación esta antigua conceptualización griega, pues el objeto de este libro es, justamente, facilitar el desarrollo de las cualidades o hábitos intelectuales de un estudiante universitario.
II
El estudiante llega a la universidad con cierta preparación en cuanto a conocimientos y hábitos de estudio. Sin embargo, son demasiado frecuentes los casos en el que el estudiante se declara insuficientemente preparado para atacar el estudio, la investigación y la redacción de trabajos en el nivel que exigen los maestros de la universidad.
Movidos por esta necesidad de información y de habituación que manifiesta el estudiante, se han creado cursos especiales de metodología o de principios y técnicas de la investigación en el primer año de una gran parte de las carreras universitarias. El objetivo general de estos cursos es bastante claro, sin embargo la realización concreta del mismo ha tenido serios problemas en cuanto a la determinación de un temario y de una serie de actividades apropiadas y acordes con dicho objetivo y con el interés del estudiante.
1. El aprendizaje significativo
El trabajo intelectual de un estudiante universitario tiene, como uno de sus principales objetivos, el aprendizaje significativo. El hecho de ir a clases, atender, tomar apuntes, participar en las discusiones, estudiar, elaborar trabajos, realizar experimentos, contestar cuestionarios, y, en suma, todo aquello que puede ser calificado como trabajo intelectual universitario, va enfocado hacia la adquisición de conocimientos, hábitos y actitudes, que pueden ser englobados bajo el nombre de aprendizaje significativo.
Cfr. C. Rogers: Freedom to Learn. Merril, p. 5
I ¿QUÉ ES EL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO?
El aprendizaje significativo es el que tiene sentido en la vida de una persona; es la asimilación de elementos captados como algo relacionado en forma personal con el sujeto que aprende. El aprendizaje significativo es asimilación con sentido.
Lo contrario del aprendizaje significativo es, por ejemplo, la memorización provisional de un conjunto de datos, cuya relación con la vida personal del estudiante parece nula, y que tampoco parece coherente con otros conocimientos básicos.
Cuando el aprendizaje no es significativo, el estudiante llega a considerar el mundo de la escuela y de la universidad como algo completamente separado de su propio mundo personal. Cuando el estudiante logra un aprendizaje significativo, entonces considera lo aprendido como una sola cosa con su mundo personal. No se divide en dos tipos de actividades, sino que aprende con la conciencia de que se está realizando a sí mismo, y de que no almacena datos inútiles.
Debido a esto, el trabajo intelectual que logra un aprendizaje significativo es apreciado como algo valioso y con sentido en la vida personal del estudiante. Por eso decimos que uno de los objetivos del trabajo intelectual es lograr un aprendizaje de esta índole
Desarrollemos, pues la noción de aprendizaje significativo. Quien aprende un tema o un hábito en forma significativa, presenta las siguientes características:
a) Asimila el tema o la conducta en el plano del ser, y no simplemente en el plano de tener.
b) Integra los nuevos elementos con los que anteriormente había asimilado.
c) Sabe utilizar lo aprendido en forma creadora, útil, práctica.
d) Tiene iniciativa respecto a ese tema, sus conexiones y sus aplicaciones.
e) Sabe evaluar el grado o internalización de lo aprendido.
II ASIMILACION EN EL PLANO DEL SER
El aprendizaje significativo es asimilado en profundidad, en los estratos más personales de un sujeto; queda arraigado en la persona del estudiante; forma parte de sus conocimientos vitales, de tal manera que éste se siente implicado o envuelto en esos datos o elementos aprendidos. Se puede decir que lo aprendido significativamente afecta a la persona como tal, la desarrolla, la realiza. El sujeto aprende algo de esta manera, no sólo tiene más en su haber, sino que es más.
De acuerdo con una famosa teoría de Gabriel Marcel, la categoría del tener es externa al sujeto, y la categoría del ser es interna, implica al mismo sujeto. Por tanto, no es lo mismo tener conocimientos, en un estrato aparte de la misma persona que aprende, que saber algo, con asimilación interna en los estratos profundos de esa persona. El que aprende significativamente, no busca tanto el hecho de tener una acumulación de conocimientos, sino el hecho de asimilarlos o internalizarlos en el plano del ser mismo del sujeto.
Lo contrario de lo anterior es el vicio llamado memorismo, que consiste en la actitud del estudiante que sólo trata de grabarse una serie de datos para poder repetirlos exactamente en el momento del examen. Lo criticable de esta actitud no es el hecho de la retención de conocimientos. Esto es necesario en todo proceso educativo. Lo malo del asunto es que el estudiante no pase a una etapa superior en su aprendizaje; es decir, que no traduzca esos datos a su propio lenguaje, que no haya comprensión del tema, que no piense en la materia como algo de interés personal; en una palabra, que el dato se quede en el plano del tener y no ingrese en el plano del ser.
Otro ejemplo que ilustra esa diferencia es el siguiente: un estudiante que solo estudia cuando se siente presionado por la cercanía del examen, trata de captar aquellos datos que prevé le van a servir para obtener una buena calificación. En ese instante no le preocupa la asimilación personal y efectiva del asunto, al grado de que, una vez pasado el examen, ya no procura insistir en esa materia y se olvida con facilidad de lo aprendido. En cambio, otro estudiante aprende ciertos daos o teorías que le interesan en forma personal, sabe que con ellos se va formando un criterio, y que, aunque no hubiera examen, de todos modos los estudiaría. En este caso, hay aprendizaje significativo, mas no en el primero.
En este momento parece necesario aclarar lo siguiente: en varios pasajes vamos a criticar la actitud del estudiante que sólo estudia para presentar un examen. Con esto no se quiere decir que debe omitirse el estudio en vísperas de un examen; al contrario, es muy provechoso. Lo que quisiéramos dejar claro es que, además, habría que estudiar cotidianamente, con una labor ordinaria en la vida de todo estudiante y de todo intelectual. De esta manera, el estudio antes del examen puede convertirse en un simple repaso, que desempolva y fija los conocimientos anteriormente aprendidos, sin la ansiedad y la prisa del que apenas va descubriendo la materia por primera vez.
La siguiente frase de Goethe sintetiza el punto expuesto:
Todas las ideas verdaderamente sabias han sido pensadas ya millares de veces;
Pero, para hacerlas, verdaderamente nuestras, debemos pensarlas de nuevo honradamente hasta que hechen raíces en nuestra experiencia personal.
III INTEGRACION CON ANTERIORES CONOCIMIENTOS
Lo que se aprende significativamente se integra con los conocimientos y las experiencias anteriores.
Cuando una persona asimila efectivamente un conocimiento, lo que hace es asociarlo o conectarlo con los conocimientos que ya poseía. De esta manera, todos ellos forman un cierto bloque unitario que se funde con el desarrollo en la persona.
El aprendizaje significativo hace que se fomente el sentido crítico del estudiante. En efecto, ya no se trata de aprender provisionalmente algo, en función de un examen que hay que presentar. Se trata de asimilar datos, de tal manera que, si, en el material que se proporciona al estudiante, se encuentran algunas ideas que chocan con su criterio o mentalidad, éste no las acumula sin más en su mente, sino que las aprehende con cierta actitud de revisión y confrontación con lo que anteriormente sabía. Posiblemente su criterio cambiará en función de esas nuevas ideas, o, tal vez, permanecerá con anteriores, y, por tanto, las nuevas quedaran en su mente en calidad de criticables o rechazables. De cualquier manera, los datos nuevos van quedando integrados con un cierto sentido en la mente del estudiante.
Cuando, en cambio, un sistema de clases, exámenes y programas, no permite la asimilación significativa, el estudiante se ve impelido hacia la actitud de captar el mayor número de datos, como el que trae un saco vacío y tiene que llenarlo con la mayor cantidad posible de material. Por ejemplo, quien lee un libro para presentar un examen inminente, no tiene la actitud serena del que lee ese mismo libro para su provecho personal, y que, por eso, se detiene con gusto allí donde encuentra párrafos de especial interés, toma notas personales, para su propio beneficio, escribe comentarios y resúmenes que a él le interesan.
El aprendizaje significativo no forma estanques separados en la mente del estudiante. Inclusive, las diferentes materias que estudia en ese nivel van formando sus propias relaciones, asociaciones y críticas.
IV APLICABILIDAD PRÁCTICA
El aprendizaje significativo es de tal manera fecundo que el estudiante capta sus aplicaciones prácticas y concretas.
Los temas aprendidos significativamente se captan como algo susceptible de ser utilizado posteriormente. La importancia de esta característica se hace evidente cuando se advierte que la educación de una persona no se contenta con el mero hecho de acumular conocimientos sino que pide la aplicación de ellos en forma creativa.
Cuando un estudiante se enfrenta a un tema que le parece inútil, o que no concuerda con sus intereses y objetivos personales, difícilmente podrá realizar la asimilación significativa de esa materia.
En la medida en que se descubre la utilidad de la materia o tema enseñado, o en que se ve como se puede conectar una materia o tema con el futuro del estudiante, éste puede dar sentido a ese contenido y puede realizar un aprendizaje significativo.
Una de las primeras preguntas del estudiante ante un tema nuevo o raro es: ¿Esto para qué me sirve? Es que, efectivamente, no se aprende para la escuela, sino para la vida, de acuerdo con el antiguo lema latino.
Buscar la aplicabilidad del conocimiento propuesto por el profesor es una de las tareas más importantes del estudiante en clase. En tanto se ve que sí hay una proyección de ese conocimiento en su vida futura, la asimilación será efectiva y provechosa. En algunos casos, esa proyección no parece evidente, habría que ingeniarse para encontrarla. La creatividad del estudiante puede quedar así ocupada de un modo interesante. Pero si de plano, un tema o idea no tiene aplicación en la vida personal del estudiante (ni criterio), habría que pensar seriamente en la supresión del tema con respecto al temario del curso.
Así pues el aprendizaje significativo, respecto al presente, cala en profundidad; en cuanto al pasado, se integra con los anteriores conocimientos; y en relación al futuro, se capta como algo útil y aplicable en forma creativa.
Ante esta preocupación por la aplicabilidad práctica de un tema, podría ponerse en el peligro de un cierto utilitarismo o pragmatismo. Sin embargo, lo aquí aconsejado de ninguna manera se ha de confundir con una actitud pragmática. El pragmatismo propone la utilidad como valor y criterio supremos; inclusive la verdad debe quedar sometida a la utilidad; algo es verdadero cuando es útil. No es eso lo que proponemos. Pero, en cambio, es perfectamente natural atender a la intencionalidad humana, proyectada hacia el futuro, y que, por tanto, impregna todo lo asimilado y asimilable en el sujeto, con esa actitud de proyección utilización en el futuro.
V LA INICIATIVA EN EL APRENDIZAJE
El aprendizaje significativo es auto iniciado, es decir, el mismo estudiante es quien tiene la iniciativa para ocuparse en un tema realmente provechoso. De acuerdo con esto, podemos observar, que en muchos casos, ha resultado más significativo en nuestra vida aquello que hemos aprendido por nuestra propia cuenta que lo aprendido dentro de los programas académicos. Esto no significa que debamos suprimiros. Sólo indica la necesidad de tomar una postura mental activa ante los temas y programas ofrecidos por las instituciones educativas, si es que se quiere tener una asimilación significativa.
De aquí se puede concluir las críticas contra aquellos métodos educativos que se basaban en la exigencia y en a coerción, según el lema: “La letra con sangre entra”. Un sistema que propicia la elección de los estudiantes acerca de materias y temas que verdaderamente les interesan y que fomentan las iniciativas y sugerencias de ellos, redunda en un incremento de este tipo de aprendizaje, que es el único que forma estudiantes auténticos.
Aquí se plantea también el problema de las opciones en contraposición con la serie de materias obligatorias, en Preparatoria y en cualquier otro nivel. Por lo pronto nótese que, efectivamente, el alumno que ha optado (el área de matemáticas o de química, por ejemplo), es el que obtiene mejor resultado en sus estudios. Esto se capta claramente en el sexto año de bachillerato, en el que hay áreas optativas. Lo mismo sucede al elegir carrera, y materias optativas a nivel universitario de licenciatura, o superior.
En el caso de una materia “obligatoria”, también es posible realizar opciones. Por ejemplo: elegir temas optativos aparte de lo comunes, dar sugerencias a los profesores sobre algún tema que parezca especialmente interesante para tratarlo con mayor profundidad, sugerir ampliaciones voluntarias (lecturas, trabajos, etc.).
En fin, el estudiante debería estar especialmente atento a los intereses, curiosidades e iniciativas que se manifiestan en su propio interior, para poder manifestarlo a sus profesores, solicitar su orientación, y leer e investigar en aquello que realmente lo deja satisfecho.
VI EVALUACION DEL APRENDIZAJE
El aprendizaje significativo autoevaluado. Esto significa que el estudiante que aprende un tema con sentido, dentro de su vida personal, generalmente está capacitado para reflexionar y apreciar el valor de ese aprendizaje. El es quien mejor puede evaluar hasta qué punto le ha sido significativo el tema. No solamente aprendió, y además, se goza en ello. Esto es uno de los mejores esfuerzos en su motivación.
La auto evaluación es un excelente método, con tal que se cumplan ciertas condiciones de serenidad y confianza. En este caso. Ya no se trata de saber cuántos conocimientos se tienen, sino hasta qué punto esos conocimientos son integrados en la propia persona. Significativo del aprendizaje es dato que solo el estudiante puede atestiguar. La auto evaluación es el coronamiento natural de un aprendizaje significativo.
Quiero insistir en la conexión de un aprendizaje. En efecto, lo que el estudiante aprecia en esas circunstancias no es tanto el aspecto cantidad, sino el aspecto calidad, o, mejor dicho, la cualidad de asimilación, profundización o internalización de esa materia en sus estratos más personales. Lo importante es que el estudiante capte lo aprendido como algo valioso, y así aprecie en su interior.
2. La motivación del trabajo intelectual
I LA INTENCIONALIDAD DEL SUJETO
Una de las tesis más importantes en la psicología educacional de nuestros días
es la que sostiene la existencia de un dinamismo positivo, propio de la naturaleza humana, y que impulsa a cada uno hacia el crecimiento y la autorrealización por formas y cauces personales, tal vez muy distintos de los demás. El estudiante, como ser personal que es, posee un conjunto de energía que lo lanza a la adquisición de los valores que se le presentan a consideración. De acuerdo con esto, motivar a una persona significa facilitar el funcionamiento correcto de esa energía personal, que en algunos casos puede estar sofocada, adormecida o aun desviada.
Por otro lado, el existencialismo
sostiene que lo propio del hombre es estar dinámicamente lanzado o proyectado hacia un objeto. La diferencia entre una cosa y una persona está en la esencia cerrada y concluida de aquélla, en tanto que el hombre está siempre abierto, lanzado o arrojado hacia la consecución de una finalidad. El hombre es como una flecha lanzada hacia un objetivo; es un dinamismo que se proyecta hacia el futuro. La estructura fundamental del hombre es la intencionalidad, y consiste en estar lanzado hacia algo.
El tema de la auto evaluación puede consultarse provechosamente en C. Rogers: Freedom to Learn, pp.91 y 142
Cfr. Carl Rogers: Freedom to Learn. Merril, pp. 152 y 212
Cfr. Heidegger: El ser y el tiempo. 2ª ed., Fondo de Cultura Económica, México, 1962, p.204
Lo importante, por ahora, es la constatación de esa propiedad interna en cada uno, por medio de la cual se posibilita una inclinación hacia un ideal. Así, pues, antes de hablar de los valores o los ideales propios de una potencia o dinamismo que está en disposición de crecimiento hacia objetos o cosas distintas del propio sujeto.
Podemos decir que el trabajo intelectual es una manera de autorrealización del propio sujeto. O sea, el hombre tiene una estructura básica de autocrecimiento, que lo impulsa a la expansión centrífuga de su propio ser.
II LA PREFERIBILIDAD DEL VALOR
A partir de la intencionalidad humana, podemos ahora describir aquello a lo cual tiende el hombre de un modo natural. Ese polo objetivo de su intencionalidad es el calor. Los valores (tales como la belleza, la bondad, la verdad, el amor, la libertad, la justicia) son un tipo especial de entes
cuya propiedad más importante para nuestro tema es la preferibilidad.
Los valores son preferibles. Esto significa que poseen intrínsicamente un cierto atractivo que logra llamar la atención del hombre e, incluso, atraer sus facultades hacia el propio valor. El hombre prefiere lo valioso, de tal manera que, ante dos objetos de diferente valor, un sujeto se siente atraído, preferentemente, por el que presenta mejor calidad de valioso. En general, podemos decir, pues, que cada persona actúa conforme al tipo de valores que se le manifiestan. Esto significa que siempre y necesariamente el sujeto elige el valor más alto y noble; solamente nos indica que el sujeto se siente atraído o inclinado por esos valores, sin llegar por esto a determinar su voluntad y a coartar su libertad.
En el caso que estudiamos, se trata del hombre frente al valor-verdad. La verdad (o sea, la adecuación con la realidad) presenta un atractivo enorme para la inteligencia. No se podría decir cuál es la mejor expresión del fenómeno: si la inteligencia está hecha para la verdad, o si ésta atrae a la inteligencia. De hecho, una frente a la otra se atraen con un fuerte impulso, de tal manera que el hombre que ha percibido esto, se siente altamente recompensado en el momento en que logra entender, expresar, explicar y conectar los elementos de verdad que va encontrando.
La vocación intelectual es el llamado de la verdad a la inteligencia, o mejor, es la manifestación de una fuerte polaridad inteligencia-verdad en un sujeto. Una persona que ha experimentado en sí misma el atractivo de la verdad, queda inclinada fuertemente hacia la investigación de ella. El investigador intelectual siente que se realiza a sí mismo en la búsqueda y encuentro con la verdad, experimenta la satisfacción de expandir su propio ser hacia un objeto que vale la pena: el valor verdad. Para esta persona ya no son necesarias las coerciones o exigencias de alguna autoridad; él mismo se siente motivado hacia el trabajo y encuentra facilidad y agrado en dicha labor.
En resumen, tanto la intencionalidad humana como la preferencia del valor verdad son las dos causas principales de la realización del trabajo de investigación intelectual. Sin embargo, hay otras causas que también merecen nuestra consideración.,
III EL CONTACTO PERSONAL
Uno de los mejores influjos que puede ejercer el profesor (y cualquier persona) en el ánimo del estudiante, de investigador y del intelectual es el aliento y el reconocimiento del esfuerzo ejercido por éste. No es lo mismo trabajar aislado de los demás que trabajar en una cierta conjunción de mundos personales, en donde se siente el calor, y el afecto humano, se acepta a cada persona con su correspondiente valor, y se comunican mutuamente sus esperanzas, deseos, dudas, triunfos y fracasos.
El intelectual posee también su propio mundo de afectos y sentimientos. Tal vez, el tipo de trabajo que ejerce, propicia un cierto ocultamiento de ese mundo afectivo frente a la frialdad, ecuanimidad y objetividad que exige la labor de nivel científico; al igual que todo ser humano, el estudiante, y el intelectual en general, necesitan el contacto humano, en franco diálogo, de tal manera que el esfuerzo realizado sea contemplado dentro de la dimensión de sujetos, por encima del nivel de la máquina, del robot y de la mecanización objetivante.
Se trata de fomentar la auto imagen positiva. En función de esa imagen que cada uno percibe como reflejo de sí mismo, es decir, de la propia identidad, es como se puede incrementar el interés y el esfuerzo dedicado al trabajo que se está realizando. Si una persona percibe continuamente fracasos, reproches, castigos y críticas en la labor que ejerce, lo más seguro es que pierda interés y no quiera continuar. Lo importante, por consiguiente, es la percepción de los elementos positivos que seguramente existen en su trabajo y que, por mecanización, desidia o ausencia de contacto personal, pasan inadvertidos a la mirada del propio interesado. De aquí se infiere la necesidad de dicho contacto, que propicia el reforzamiento de una imagen real, en donde se destaque no sólo lo negativo y deficiente, sino también lo positivo y valioso. La percepción del valor adquirido por un trabajo recientemente realizado refuerza positivamente el interés y la motivación de lo que se está efectuando. Tal es el poder de la auto imagen positiva.
Desde el punto de vista de la pedagogía, se puede expresar esto mismo con las palabras de Jacques Maritain:
…se trata, ante todo, de dar a esta misteriosa identidad del alma… la reconfortante certeza de ser en cierto modo reconocida por una mirada atenta, humana y personal, imposible de ser traducida en conceptos o palabras.
El reconocimiento y la aceptación de la propia persona dentro de una comunidad personal es uno de los factores que mejor estimulan y retroalimentan el esfuerzo realizado en cualquier labor.
IV EL PAPEL DE LAS COERCIONES
Normalmente se ha utilizado la coerción como una de las principales fuerzas (si no la principal y exclusiva) para inducir al estudiante a la ejecución de sus labores. “la letra con sangre entra” era el lema de otros tiempos. Actualmente, aunque ese lema esté en decadencia, se nota una propensión al uso de la energía. La exigencia del maestro y la voz autoritaria impone tareas a plazos límite.
Maritiain: La educación en este momento crucial. Ediciones Desclée de Brouwer, p. 56.
Por otro lado, el estudiante que se acostumbra a ese tipo de coerción llega a debilitar por completo las motivaciones genuinas que hemos explicado anteriormente, de tal manera que sólo trabaja cuando se le exige y hasta llega a juzgar como buen maestro a aquel que le exige y que materialmente lo empuja al aprendizaje de sus lecciones. El uso de la coerción se vuelve, pues, algo normal, tanto por parte de maestros como por parte de estudiantes.
Ante esos hechos, podemos analizar hasta qué punto es congruente la coerción con la labor educadora de los maestros y con el trabajo de aprendizaje genuino.
Si hemos estudiado que la estructura fundamental en el hombre es la intencionalidad, lo correcto entonces sería fomentar la realización de dicha estructura. Tanto el estudiante como el educador tendrían que buscar la manera de realizarse de un modo auténtico. Por parte del estudiante, su realización consiste en atender y orientarse a los objetivos valiosos que se encuentran en su horizonte. El papel del maestro es propiciar esa proyección del estudiante, proporcionando dichos objetivos valiosos (la verdad, la ciencia, la técnica) en forma tal, que el estudiante los capte en cuanto valiosos y, por su propia energía, quede orientado hacia ellos. El dinamismo de su intencionalidad y la preferencia o atractivo del valor son las fuerzas básicas del aprendizaje y de la investigación a nivel de autenticidad humana.
En atención a esto, se infiere que las coerciones no tienen un papel central en el estudio de la investigación. Sólo podría recurrirse a ellas como un auxiliar secundario, para suplir alguna diferencia real en la estructura dinámica del estudiante, y para contrarrestar la ausencia de dinamismo que, durante años, han producido los métodos impositivos. El uso de la coerción tendrá que ir disminuyendo en la medida en que el contacto personal pueda provocar un mejor funcionamiento de los dos polos aludidos: intencionalidad del sujeto y preferencia del valor.
La importancia de este cambio de actitud es fundamental. Las coerciones son impulsos que lanzan al sujeto hacia la consecución de ciertos valores. La acción así producida puede ser muy eficaz, pero tiene un defecto radical: no permite el mérito moral en el sujeto que la realiza. Los valores morales tienen como condición la libertad del sujeto, que está en plena oposición con el uso de la coerción. Por tanto, diminuir las coerciones equivale a dar mayor libertad y, por ende, mayor oportunidad para obtener valores morales en una acción determinada. Sin embargo, esta oportunidad es un arma de doble filo, porque simultáneamente se da oportunidad para una conducta incorrecta. La eficacia en la adquisición del valor verdad puede ser menor cuando se establece este sistema de mayor libertad, pero, por otra parte, es el único medio para dar oportunidad a la adquisición de auténticos valores.
Así es como llegamos a la aceptación de un estado evolutivo en torno al uso de coerciones; este estado conduce a las siguientes dos percepciones: moral de la obligación y moral de la aspiración. La primera es la más difundida, y se caracteriza por la presión externa que impulsa a la gente hacia una conducta correcta. La segunda está menos extendida, y consiste en la actitud autónoma del sujeto que aspira hacia los valores, por sí mismo y no por coerciones. La realidad es una mezcla de estos dos tipos de moral, pero habría que intensificar la segunda, si es que se quiere una existencia auténtica en una sociedad menos constrictiva, pero más creadora.
Recent Comments